¡Por favor no vuelvan!

Este escrito va a sonar resentido, medio cretino y hasta desposeído por la compasión, pero les suplico a las personas que están en vacaciones no volver a las ciudades donde viven. No vuelvan, quédense por allá acá no los necesitamos.

Las grandes problemáticas ecológicas, sociales, etnológicas que vivimos hoy en día es en parte por vivir como un gigantesco zoológico de animales sin control, las cosas cada vez van peor, las ciudades como Bogotá apestan por sus letrinas políticas, por su desgraciada falta de orden social, por sus desmedidas diferencias de clases que demandan cada vez más un consumo que se derrama en los caudales que defecamos. No se les olvide este dato: son más de 90 mil toneladas de mierda que reciben esos ríos por día y de los que ustedes aportan una generosa cantidad.

No es solo lo habitable lo que cada vez más reposa en un ataúd, es su acelerado proceso metabólico que infringe contra los demás, su afán, su codicia, su mezquindad, se pelea con la mía y los congéneres que van con usted en el transporte público.

Por favor no vuelvan esas ciudades están deliciosas sin ustedes, el poco tráfico, poder ver el cielo azul luminoso sin ver la mediana capa gris que rompe en el suelo y se eleva destruyendo como un demonio ese cielo cerúleo que por estos días es un regalo para los ojos, y ni que decir de poder escuchar un poquito el sonido del viento en un parquecito lleno de buenas personas que se levantaron sin guayabos olorosos a alcohol barato, sino más bien a pasear el perro o salir a jugar fútbol con sus hijos en un día que no sea domingo.

Por favor no vuelvan, usen la tecnología, conviertan ese regalo de navidad, esa Tablet, ese espectacular teléfono en su herramienta más deliciosa. Imagínese la vida usted metido en esa deliciosa piscina con una cerveza un martes mientras chatea con su jefe. Esta es la época del teletrabajo, de cuidar de sus hijos, solo le resta descargar unas aplicaciones y darle el uso adecuado a las nuevas tecnologías, que solo le quede cada fin de mes ir a la oficina del pueblo más cercano y retirar sus centavos miserables para que vuelva a las aguas, como los hipopótamos como un ser anfibio que se regodea antes de la reproducción.

Las grandes ciudades que van de avanzada son pequeñas y sin montoneras, es más fácil administrarlas y surgir en ellas. Las urbes gigantes son malignas, con odios sobre el otro irrespetuosas del crecimiento espiritual, sin campo, sin verde; por el contrario en las ciudades pequeñas de no más de 3 millones de habitantes sus promesas son más cumplidas, el respeto surge cuando la competencia entre orangutanes se da, se puede sembrar pequeñas huertas de pan coger y subsistir en los suburbios donde se conocen los vecinos.

Por favor, no vuelvan, quédense en sus comunas veraniegas y vivan la vida que se merecen y déjenos vivir la que nos merecemos.

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