El sur de Francia no es como lo pintan

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El camino de Barcelona a Montpellier y Marsella es bastante fácil. El tema es saber escoger el transporte para conseguir la forma más económica. Dado que estas dos ciudades son de los destinos franceses con más visitas internas durante todo el año, los pasajes de avión suelen ser limitados y caros. A veces, en temporadas altas, los tiquetes de tren suelen tener precios abusivos y por eso la opción del bus es una opción que no debe ser descartada. Hasta Montpellier son solamente 5 horas y hasta Marsella unas 6 o 7 y la gran cantidad de paradas que hacen estas rutas pueden tomarse con diversión. En un gran grupo, la opción de un carro debe ser analizada porque también puede llegar a salir más económico.

Esta zona de Francia tiene un atractivo que muchos llaman “más bucólico” y en realidad lo que quieren decir es que no es tan imponente como el norte. Los edificios no son monumentos gigantescos a la excentricidad de Luis XVI o a la vanidad de Napoleón. Son ciudades más modestas, dedicadas a sus costas y a luchar por mantener la vida tranquila del mediterráneo. Sin embargo el contraste con la inmigración, con el crecimiento urbano y con la inversión en puertos y vías para aumentar el comercio les ha hecho la tarea cada vez más difícil y se siente en el ambiente. El sueño del tranquilo sur de Francia se rompe con la suciedad, con la inseguridad y con el alto movimiento de las zonas céntricas de cualquiera de estas dos ciudades.

Marsella sufre un poco más, su puerto es mucho más importante, sus playas son mucho más grandes y por eso el flujo de turistas también y el centro de la ciudad es mucho más conflictivo y rebelde que el de Montpellier. Por ser una ciudad principal el índice de inmigración es mucho mayor y se respira un aire de pesadez mezclado con una multiculturalidad excepcional. Es natural que esto ocurra, desde hace muchos años Marsella fue el paradero de muchos comerciantes, fue una ciudad portuaria que recibía todo tipo de personas, muchas de ellas fugitivas de la ley. Hoy en día la situación no es diferente y con el tema de la inmigración del Norte de África por problemas políticos, Marsella es un destino elegido por muchas personas por la facilidad del idioma y por el alto flujo de gente que les permite esconderse entre la muchedumbre. Hasta los domingos las calles están repletas.

Montpellier en cambio tiende a ser más colorida, el tram es uno de los más vivos de toda europa y la ciudad respira un aire mucho más amable. Los domingos todo está cerrado y la gente sale a las calles a pasear con mucha tranquilidad, incluidos los borrachos y los punks que aún no ha terminado las fiestas de la noche anterior.

La Provenza francesa, por esta zona, no es exactamente lo que sueñan los franceses del norte, pero si tiene un atractivo característico. Si lo que buscan es playa, eso sí, acá no van a encontrar las mejores, pero seguiremos nuestro camino por la costa, donde probablemente encontraremos destinos más escondidos y más paradisíacos.

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