El retorno a la máscara

Los indígenas Inga del valle de Sibundoy saben que el gran espíritu camina entre las selvas en forma de jaguar, de colibrí o que se enmascara entre ramas de la inmensa selva amazónica que acaricia los pies de los andes; los Sicuani recorren las extensas llanuras colombianas y venezolanas como un pueblo seminómada que se estaciona en las riberas de los ríos  para cazar y enmascararse  de jaguar frente a la madre selva ya que ella les entrega el comer y el beber. Estos casos ya excepcionales en tiempos de relojes como joyas o de automóviles con motores de gasolina son ejemplos de la verdadera ritualidad y fuerza que contiene vestirse o enmascararse para una fecha o lugar.

Necesitamos enmascararnos mucho más con la pureza de la selva, necesitamos enmascararnos con las cualidades del leopardo y permitir que las divinidades nos hablen sobre los ríos y afluentes de agua que no se recuperan con alcaldías o con papeles que se envejecen en los estantes del archivo general.

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Las máscaras son rituales sociales y religiosos, donde los hombres representamos los espíritus. En casi todas las culturas ancestrales que respetaban su entorno se usaban máscaras que permitían al portador tomar  las cualidades de la representación de la máscara; es decir, una máscara de leopardo inducia al portador a convertirse o actuar como leopardo. Ahora en nuestras selvas de cemento queremos ser héroes, heroínas o seres planos pero sin aquella fortaleza del disfraz que lleva a mejores mundo mágicos que se hacen cada vez más necesarios en un planeta inconsciente de su verdadera “madre”.

Las máscaras son la  unión entre la divinidad, entre los vivos y los muertos; entre sus antepasados y él mismo; es decir, la máscara recoge este conflicto del hombre con la muerte. El cambio de identidad en el usuario de esa máscara es vital, porque si el espíritu representado, no reside en la imagen de la máscara, el ritual en el que se use, será poco eficaz, y las plegarias, ofrendas y peticiones, no tendrán significado ni sentido. Tal vez hemos desenmascarado nuestro verdadero rostro, el rostro del animal inteligente que conquistó con avaricia un planeta que se escondía de ese depredador que arrasa con lo que encuentre a su paso para satisfacer sus mejores caras sus mejores peinados sus mejores ropas.

Contactar poderes espirituales de protección contra las fuerzas desconocidas del universo y el triunfo de la vida, invocar a las fuerzas de la guerra contra la infelicidad, deberán ser nuestras mascaras más poderosas de los tiempos por venir. Se acerca un verdadero  Halloween, un día en que se unen los muertos con los vivos donde la confusión de hadas, héroes, zombis y demás disfraces sean la verdadera máscara, el mundo de los sueños aquí y ahora. Un 31 de octubre eterno. ¡Póngase la máscara!

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