La necesidad de ocultarse con máscaras fantásticas

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Desde el comienzo del cine se utilizaron todo tipo de efectos para recrear ante las cámaras un mundo irreal que únicamente se puede lograr con la magia del montaje, utilizando técnicas de sobre montado, trucaje y, obviamente, máscaras, disfraces y costosos decorados. Sin embargo lo que se esconde detrás de todos esos efectos y disfraces son en realidad una crítica social que hace alusión a las máscaras que día a día creamos para esconder nuestras ideas o sentimientos.

melies_1--644x362Empecemos por el primer director más importante de la historia de cine de ficción: George Méliés, quien llegó a crear un estudio de cristal para usar la luz del día a su favor y donde montaba todo tipo de escenarios donde recreó historias basadas en libros de Julio Verne. Podría decirse que su objetivo era entretener a un público que cultivó a lo largo de los años, objetivo que él mismo reconocía como principal dentro de su obra, pero es curioso que sus deudas hayan aumentado significativamente cuando productores como Pathé y Gaumont lo obligaron a cambiar su modelo de negocio para incluir dentro de la cadena a distribuidoras que alquilaban las copias en vez de venderlas directamente a los exhibidores mientras llegaba la primera guerra mundial y para los gobiernos la crítica al armamentismo como muestra de poder no podía mantenerse abiertamente. Hoy en día se dice que el público asistía más a películas de dramas realistas y comedias románticas, pero estos géneros eran producidos por los mismos Pathé y Gaumont, así que no es una fantasía creer que lo estaban obligando más de lo que se cree y que gobiernos como el de Estados Unidos no querían que la gente reconociera el poder estatal que se esconde tras apoyar avances tecnológicos con objetivos armamentistas.

metropolisEn esos mismos años en la República de Weimar se inventaban un género llamado el expresionismo alemán cuyo objetivo era crear una fotografía surrealista, enfermiza y onírica de una sociedad resquebrajada y acechada por fantasmas creados por ellos mismos. Muchos de estos directores tuvieron que huir cuando Hitler subió al poder y dejar sus disfraces de autómatas, vampiros y científicos locos escondidos en sus sótanos mientras otros tuvieron que comenzar a escribir dramas que retrataran los beneficios que traía el partido Nazi al país.

Con este auge del drama durante las épocas de las dos guerras el cine de culto quedó relegado a un grupo de cinéfilos adictos a películas que la gente comenzaba a ver como infantiles y baratas. Hasta los años 50, antes de la aparición del cine B o Z, la mayoría de directores comenzaron a producir cintas que de fondo trataban temas tabú del momento (y de hoy en día también) como el sexo, la homosexualidad y las drogas, temas que directores como Ed Wood retomaron por completo en sus películas. De esta manera cuando en los 50 se retomó la creación de máscaras, disfraces y grandes escenarios fantásticos, no fue raro que se produjeran películas como “Glen or Glenda”, que a pesar de su gran cantidad de errores técnicos critica la discriminación a grupos homosexuales y travestis.

night-of-the-living-dead-2El asunto es que con genios de este tipo de películas como George Romero, el trasfondo de sus historias comenzó a ser forzado por los críticos. Según él una película como “Night of the living dead” (originalmente “Night of the flesh eaters”) solamente buscaba mostrar cómo reaccionaría una persona frente a una situación extrema como el ataque de unos muertos vivientes que comen carne humana, no obstante los pocos críticos que la apreciaron como Mark Deming, dijeron que el tema del racismo con referencia a la muerte del personaje principal e incluso la impotencia de la autoridad frente a la reorganización social eran muy fuertes en la película. Curiosamente las siguientes películas de zombies de Romero y de quienes siguieron sus pasos fueron mucho más directas en sus comentarios políticos y sociales.

Desde entonces el cine B o Z utiliza personajes irreales usualmente terroríficos que en realidad son una alusión a las máscaras que usamos diariamente para esconder nuestros sentimientos, nuestras ideas y todo aquello que queremos callar, a todo lo que le tememos que suele convertirse en fantasmas internos. Incluso algunas llegan a mostrar cómo esas máscaras en vez de esconder esos fantasmas, lo que hacen es que nos acechen internamente como ocurre en películas como “Al final del espectro” o “The Philosophers”, películas que les recomendamos que vean antes de leer nuestras notas sobre el Festival de Cine Fantástico de Catalunya, del cual haremos un par de especiales en esta temporada de Halloween.

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