El Hombre Burbuja

Por: Camilo Casallas

En “El hombre burbuja”, el famoso programa de Nat Geo, veo a un tipo que tiene una enfermedad en la piel. Se trata de una enfermedad en la que al afectado le salen pequeños tumores por todo el cuerpo. Son demasiados y, por supuesto, se ven como burbujas. La única parte que no está llena de estos tumores-burbuja son los genitales. El tipo, de hecho, está alegre porque no tiene tumores allí. Su vida parece ser mejor por eso. O por lo menos para él.

En un momento del documental el hombre burbuja dice: “quisiera aparecer en una película de terror, porque no necesitaría maquillaje”. Estas palabras las dice con esperanza, como si en el gremio de las películas del terror tuviera alguna posibilidad laboral. No hace falta decir que no tiene trabajo y está casi en la quiebra. La industria del entretenimiento, lo sabemos, es su única probable salida de la pobreza.

Lo que yo pensé cuando vi esto es que el Hombre Burbuja no necesita estar en una película de terror pues ya lo está. Durante todo el programa me pregunté acerca del uso de estos programas como los ya conocidos “El hombre árbol”, “El hombre elefante” y nuestro muy querido “Hombre burbuja”. ¿Son educativos?, ¿Son un divertimento?, ¿son puro morbo, como afirma la mayoría de la gente? Mi respuesta es esta: No, no y más no. Lo que son estos programas es películas de terror. Las últimas películas de terror. El último impulso del horror. Las películas de terror de mi generación.

En estos programas especiales, por supuesto, hay más horror que en las tradicionales películas de Drácula y de zombies. Cuando vemos películas de Drácula nos asustamos, pero nunca nos cuestionamos sobre su existencia. Sabemos que se trata de un producto cultural, artificial. No sabemos de él mucho más. Sin embargo, de “El hombre burbuja” sabemos que existe. Nat Geo nos muestra a un tipo real, con familia y problemas económicos. Este tipo existe en algún lugar del mundo. Estos programas nos muestran la posibilidad real de que los monstruos sí estén deambulando por ahí.

Una anécdota divertida para terminar esta entrada. Alguna vez vimos con mi familia el programa dedicado al Hombre Árbol. Seguramente lo han visto. Todo su cuerpo parece cubierto por madera y musgo, y sus manos están bifurcadas en lo que parecen ser ramas.

El caso es que unos días después fuimos a comer a un sitio de comida oriental y pedimos unas orellanas al estilo témpura. Mi mamá las vio y casi vomita. Dijo que nunca más quería volver al lugar. Las orellanas le habían parecido idénticas a las manos del hombre árbol.

Allí esta de nuevo el terror. Ese terror corporal, desagradable, real.

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