La maleta de un ladrón de historias

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“Los ilustradores contamos historias, somos como los cuenteros. Algunas  historias son nuestras, pero me paso la vida robando historias de aquí y de allá porque me gusta tener algo que contar”. Palabras más, palabras menos, así comenzó su workshop  André da Loba, ilustrador portugués,  en el Congreso de Ilustración realizado la semana pasada en el marco de la Feria del Libro 2013.  A este encuentro, el portugués asistió  con una maleta grande y pesada, hecha de madera, que paseó por todo Bogotá.  Y dentro de ella, los objetos más curiosos que un ladrón de historias puede recolectar para mover en viajes transatlánticos.

la foto (5)Encontrar a André en medio de esta fiesta portuguesa ha sido la confirmación de que ellos son de lo más simpáticos,  y que también hay un importante movimiento de ilustradores al otro lado del mar. Con un desparpajo característico, no tuvo ningún reparo en mover a todos los asistentes de sus puestos, subirse encima de una mesa y hacer que todos  manipuláramos sus objetos. Una por una fueron saliendo historias tan joviales como sencillas que  sin hablar de él dan cuenta de su forma de andar la vida.

Su trabajo es en extremo creativo y curioso,  y le ha valido para que desde Brooklyn,  esté trabajando  como  ilustrador del NY Times, Time Magazine, The New Yorker, The Washington Post y otros cuantos.  Desde la distancia, también colabora con el colectivo Pato Lógico y la editorial Planeta Tangerina quienes están marcando la pauta de la  literatura infantil en Portugal. André ha trabajado como diseñador, animador, profesor y escultor, posiblemente por eso se define como un ‘artista y reacio poeta’, y a pesar de haber estudiado en una de las escuelas de diseño más renombradas de Estados Unidos, es un personaje muy sencillo, cualidad algo escasa entre los artistas de su estilo.

Entonces la conversación con él es intima y cercana, como si fuera con un amigo de toda la vida. ¡El mundo sería mejor si los hombres y las mujeres durmieran más a menudo! proclama con entusiasmo, y luego pregunta si dormir en castellano tiene el mismo significado que en portugués. En español la gente se acuesta y su consejo es que lo hagan.

Con esa misma sencillez nos cuenta que se ha quedado sordo de un oído cuando niño por tener paperas y por eso pone mucha más atención a las palabras. También ha confesado nunca haber querido ser ilustrador, aunque  lo sea de tiempo completo habiendo abandonado su sueño de  ser físico.

“Alguna vez me preguntaron que quería ser cuando grande, y yo respondí que quería encontrar una chica con una buena delantera, casarme con ella y tener una bonita casa con un gato, si así ella lo quisiera”. Y es que el niño interno de André sigue tan vivo en él cómo en sus objetos que dice haber creado por aburrimiento en su intento constante por mantener la mente activa. A partir de ese juego  de desafiar la mente ha construido el éxito que ni él mismo cree de a mucho y tampoco necesita.

Por eso la mayoría del tiempo se la pasa creando objetos curiosos, jugando, aunque por eso no le paguen y le guste poco lo solitario que es su oficio. Pero así es como la maleta se ha llenado de historias, de formas de ver la vida, a partir de piedras y objetos que ha encontrado en el camino. Esta condición ecológica hace parte de la magia pero también de haber pasado necesidades, pues antes, cuando no hubo dinero en los primeros meses  viviendo en Nueva York, se tuvo que abastecer de los residuos de sus vecinos. Por suerte tenía un barrió aledaño medianamente elegante de donde consiguió gran parte del cartón y las cajas de fósforos que  componen estos objetos.

Aunque hoy ha ganado renombre por su trabajo y haya algo de dinero entrando por los contratos de diarios y publicidad, André da Loba será siempre el chico que se reinventa sin problema, como si no tuviera un peso en el bolsillo. De ahí que tenga un sello tan personal levantado a pulso. Le he dicho que tiene muchas historias guardadas en esa maleta y que tendré que invitarlo a una cerveza para que me las cuente. Acepta con gusto, alabando mi propuesta, y veremos lo nuevo que tendrá para contar cuando lo pendiente se concrete.

Si él alguna vez llega a ver esto,  sabrá con seguridad, que una vez las historias son lanzadas al aire pueden modificarse pues no son de nadie. De antemano me disculpo por haberme apropiado de su voz pero por hoy, he decidido  robarme esta historia.

**Fotos tomadas por Natalia Jerez

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