Me despido de Ecuador

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Eran las seis de la mañana en la terminal de Cuenca y teníamos que esperar hasta las siete para poder irnos.  Después de seis horas de viaje acompañados por las pulgas y el frío, teníamos que esperar en los corredores de la terminal porque a partir de las siete de la mañana empieza a funcionar el transporte local.

Cuando llegó la hora, tomamos un taxi rumbo al centro, lugar donde esperábamos poder encontrar algún local con camas, cajas de seguridad y un baño.  Sin embargo no contamos con que a esa hora todo estaba cerrado. Deambulamos por las calles hasta las ocho cuando pudimos encontrar un Hostal abierto. Tenían una sola habitación disponible, y sólo la desocupaban desde las doce. Sin titubear, decidimos reservarla, dejar las maletas más grandes y salir a recorrer Cuenca.

La ciudad es increíble, una mezcla entre arquitectura colonial y de mediados del siglo antepasado, hecha en ladrillo. En Ecuador uno se da cuenta que hay una sobrepoblación de iglesias y en Cuenca, por ejemplo, hay más de tres en menos de cuatro cuadras a la redonda desde la plaza principal. Esta última, a diferencia de muchas de las plazas que se pueden encontrar en Colombia, tiene un jardín central y muchas bancas donde sentarse, pero se destaca por estar dominada por una inmensa catedral construida en ladrillo.

Como aún era muy temprano poco locales habían abierto. La ciudad empieza a despertar a partir de las nueve,  así que conocimos toda la ciudad antigua por cuenta de estar buscando algún desayunadero abierto.

Cerca de las once regresamos a la plaza central y finalmente encontramos un café dónde desayunar. A las doce y media volvimos al hostal para tomar la habitación y lamentablemente no estaba lista, así que seguimos caminando Cuenca.  Bajamos unas cuadras y nos estrellamos con el río. Resulta que el Tomebamba separa la ciudad antigua y la nueva, y sobre él encontramos varios cafés y restaurantes, es un sitio muy recomendado para tomarse alguito, especialmente si es un día soleado.

Ya por la tarde decidimos ir al Museo Nacional, que alberga muchas muestras de las culturas indígenas de Ecuador. Este es un abrebocas de lo que nos espera en Perú, pues muchas de estas culturas son el resultado de expansiones Incas al norte del continente.

Esa noche nos acostamos temprano y al día siguiente visitamos otro pequeños museos locales. Terminamos de conocer el centro y ahora estamos de regreso en el terminal de Cuenca. Ahora esperamos a que sean las nueve de la noche para salir rumbo a Chiclayo, Perú.

Nos quedamos en Ecuador más de lo presupuestado y siento que no conocí lo suficiente. No tenía muchas expectativas sobre esta parte del viaje cuando salí de Bogotá, ahora quiero regresar para ir al norte de Ecuador, visitar la costa y entrar a Otavalo.

Por ahora preparo mi trasero para trece horas en bus. Voy a comer antes de arrancar hacia Perú.

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