El Paraíso del VHS

“The television screen is the retina of the mind’s eye. Therefore, the television screen is part of the physical structure of the brain. Therefore, whatever appears on the television screen emerges as raw experience for those who watch it. Therefore, television is reality, and reality is less than television”

(“Videodrome” – David Cronemberg, 1983)

Por: Juan Herrera

vhs

[Imagen original: Salonkritik.net]

La nostalgia es el tracking de la memoria: mejora la nitidez de los recuerdos mal grabados en nuestra cabeza. O algo así… la verdad nunca supe exactamente qué rayos hacía la rueda de tracking en mi Betamax, pero si uno la movía y la ajustaba con cuidado, la imágen de ese cassette mejoraba aunque la cinta magnética estuviera hecha jirones de tanto ver y rebobinar. A veces metía muñequitos de plástico (de esos que venían en los paquetes de Chitos, de los que uno podría tragarse accidentalmente, de los que podían matarlo a uno a los cuatro años) con la ilusión de verlos en la televisión. Mi papá no recibía con ningún entusiasmo mis experimentos audiovisuales y soltaba madrazos entre dientes mientras trataba de sacar una figurita del Pájaro Loco del Beta con un par de pinzas depiladoras de mi mamá. En esa época podía pasar horas enteras mirando las cajas de películas, leyendo las sinópsis en la parte de atrás e imaginando escenas y bandas sonoras a partir de lo que veía y leía.

En mi casa siempre tuvimos cassettes de Beta para grabar programas de la televisión. No lo recuerdo muy bien, pero mi mamá sostiene que yo solamente comía durante los comerciales y por eso grabó horas enteras de comerciales para sentarme en mi sillita y darme de comer. No recuerdo mucho de esa época, pero no es difícil imaginársela pendiente del televisor, grabando comerciales y parando la cinta cuando la programación continuaba. Tal vez hubiera sido suficiente un solo cassette – ¿Qué carajo va a saber un bebé?-, pero es el tipo de detalles que demuestran la terca entrega de una madre joven.

Cool_World_cv

Cool World de Ralph Bakshi fue una de mis películas favoritas cuando era un preadolescente. Par mí, era como Twin Peaks si hubiera sido producida en el mismo universo de Roger Rabbit. Me gustaba, entre otras cosas, porque no era una película para mí, para un niño. Tengo la escena de Holly Would haciendo el amor encima de uno de los Baldwin dibujada en las paredes internas de mi cráneo como pintura rupestre. No era tan voluptuosa como Jessica Rabbit, pero presenciar ese acto de transgresión era otra transgresión seguida de horas y horas de darle al Famicom y tragar comida chatarra con otros preadolescentes.

En esa colección de películas proscritas estaba también Videodrome de Cronemberg. En Latinoamérica la doblaron como  “Videotrón” y cambiaron la jaculatoria de “All hail the New Flesh!” por “larga vida a Videotrón”. La vi por primera vez en televisión nacional en el 93, en uno de esos programas de Producciones JES que pasaban películas ochenteras. No la recuerdo muy bien, pero la atmósfera clandestina de esa película acabó de cimentar una idea del vídeo como formato de ambivalencia moral. Tras las líneas de escaneo y las aberraciones cromáticas típicas de los formatos de vídeo caseros existe un universo paralelo en el que el tiempo transcurre lento cuando una ley o un tabú se rompe.a mí, era como Twin Peaks si hubiera  sido producida en el mismo universo de Roger Rabbit. Me gustaba, entre otras cosas, porque no era una película para mí, para un niño. Tengo la escena de Holly Would haciendo el amor encima de uno de los Baldwin dibujada en las paredes internas de mi cráneo como pintura rupestre. No era tan voluptuosa como Jessica Rabbit, pero presenciar ese acto de transgresión era otra transgresión seguida de horas y horas de darle al Famicom y tragar comida chatarra con otros preadolescentes.

… en algún cassette perdido está mi llegada a la casa, al mundo, a la vida de mis padres. Con música de Chopin, si mal no recuerdo. Un pequeño privilegio para una familia colombiana de los ochentas.

El cine snuff, la pornografía, los comunicados de grupos terroristas, las cintas de las cámaras de seguridad, un puñado de películas de presupuesto menesteroso, mis recuerdos de infancia, las películas caseras que se hacían para proyectos del colegio – de las que siempre hice parte como “productor”, “director”, “guionista” o cualquier otro rol que no me requiriera en la pantalla. Un medio que nos permitió a muchos, por primera vez, consignar recuerdos audiovisualmente… en algún cassette perdido.

Hace poco vi un cortrometraje dirigido por Alejandro González Iñárritu. Naran-Ja (One Act Orange Dance), un ejercicio hecho con una cámara de VHS sobre una improvisación de danza coreografiada por Benjamin Millipied. Hay una interacción entre el baile, el sonido (parte ambiente, parte música electroacústica) y el ruido visual. Los colores diluidos, las aberraciones cromáticas y el movimiento violento e íntimo de los bailarines crea una experiencia no muy distinta a un sueño febril. La curiosidad me llevó a varios cortos hechos en vídeo hasta llegar a un clip reciente de Crystal Castles para la canción Sad Eyes, otro experimento que juega con ese universo paralelo de los recuerdos del VHS. Por último les dejo otro vídeo que usa la estética VHS y la mezcla con vídeo digital de alta definición: Joey Bada$$ Ft. Chuck Strangers

… ¿soy el único que ve una tendencia acá?

La ironía con la que hemos estado revisando los ochentas y los noventas durante la última década nos ha permitido acercarnos a nuestros recuerdos con un sentido crítico bastante vitriólico. Cuando volví a ver Cool World, Brad Pitt me pareció un actor mediocre, Kim Bassinger estaba notablemente avejentada y el final de la película era un tour de force inexcusable – incluso para una película de Ralph Bakshi, que se había permitido bastantes torpezas narrativas en American Pop y en su versión del Señor de los Anillos. Hay canciones y películas y pedazos enteros de mi vida que no lograron superar la prueba del tiempo. Cuando alguien se anima a producir una película con un presupuesto paupérrimo, en un formato obsoleto… ¿Qué trata de hacer? ¿Está usando las herramientas que se puede costear o está explotando esa parte de nosotros que busca preservar nuestros recuerdos intactos? ¿Está tratando de mostrarnos lo ridícula que es la memoria y lo fácil que se deteriora?

¿Hay un discurso detrás de todo esto?

(Si alguien en Buenos Aires está interesado en hacer un corto en formato VHS, me gustaría saberlo. pero hay que apurarse, antes de que los hipsters se apropien una vez más de la nostalgia y la mancillen con manos torpes).

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. 80? dice:

    Que buen artículo. La vida pasaba en Beta … era lenta y divertida. Ahora es furiosamente rápida y estresante.
    Felicitaciones, sigue escribiendo

  2. Pingback: UNIVERSO Y CIENCIA

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